Escritos Absurdos (Antología 2003 - 2009)
ESCRITO SEGUNDO
No me doy cuerda
Leí esa expresión en Tokio blues y, en ese momento, sólo me arrancó una amarga sonrisa. Es ahora cuando le encuentro todo el sentido. Porque es esa precisamente mi actitud la mayoría de los fines de semana. Sencillamente, no me doy cuerda. Me dejo arrastrar, porque parece que no tengo ánimos para más.
Esos pasados días de fiesta, por ejemplo, de largas, larguísimas reuniones con los amigos, de interminables comidas que provocaban difíciles digestiones, de desacompasadas horas de sueño y poco incentivadas horas de vigilia, de rutinas y tradiciones que, este año como nunca, me han sabido rancias y fuera de lugar.
Me siento cansado, desanimado, totalmente apático y fuera de tiempo, algunas veces, incluso de espacio. Pero también me siento flojo, dolorido, incluso vapuleado. Me pesan los excesos que sé que no he cometido. Aunque quizá, y no sea del todo capaz de reconocerlo, me pesa algo más que eso: los años, que, en primavera, especialmente, parece que se multiplicasen por dos. Me pesa también el no haber tenido ratos reales de descanso, el haberme encontrado en una situación incómoda, sin poder negarme a ello, la mayor parte de los días que deberían haber sido, sin duda, de fiesta.
Y, para corroborar esa amarga sonrisa cuando la leí en la novela, más amarga me parece ahora que le he encontrado su peculiar significado. Porque no es lógico que sólo me dé cuerda para ir, los lunes por la mañana, a trabajar, y deje de hacerlo cuando, con todo el día por delante, para mí y mis aficiones, llega el fin de semana. Aunque posiblemente, y visto desde otro punto, puede que mi afición sea precisamente esa: no darme cuerda, dejarme llevar.
Israel Sanchez Rodriguez
Otoño 2005
Mexico city
